3 sept. 2013

DEL “DÍA DEL PRESIDENTE” AL #1SMx

@BarbaraCabrera

¿Será cierto que cada pueblo tiene el gobierno que merece?

Se abre el telón. Aunque no se trata del primer acto; es más, no se sabe a ciencia cierta que parte de la obra se desarrolla. Lo que es manifiesto es el guión, los acontecimientos que ahí se suscitan. El más reciente y polémico: la entrega del primer informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto y circundante a ello, el público espectador y las diversas reacciones desatadas.
Vale recordar aquellos ayeres donde el Presidente de la República viajaba en un carro descapotado, ufano, vanaglorioso; dándose baños de pueblo al que se acercaba para recibir sus aplausos, admiración y adulaciones. Le seguía la lectura por horas de su informe de gobierno, mismo que se reproducía íntegro al siguiente día en los periódicos de mayor circulación. Su autoridad no estaba en duda. Desde hace algunos sexenios la situación ha cambiado casi por completo; ese que se conocía como “el día del Presidente” no lo es más. Por lo menos no como lo escribía la historia. Actualmente, y pese a que el insalubre besamanos lucha por regresar y el aplausometro se hace manifiesto; la figura presidencial es ya observada por muchos y se le exige en consecuencia. Punto y aparte es el escaso interés del preciso en turno para escuchar y gobernar en pro de la mayoría y si a favor de los intereses que representa.
También es cierto que la sociedad va cambiando y con ello las necesidades. Hoy ya nos manifestamos, nos organizamos, alzamos la voz. Poco a poco se interviene para intentar delinear la vida pública nacional en sus diversas expresiones. El ejemplo más reciente son las diversas marchas y movimientos en contra de consolidar la reforma educativa a través de sus tres leyes secundarias, la última de ellas la Ley General de Servicio Profesional Docente, aprobada no de forma sorpresiva en lo general y particular en la madrugada del lunes 2 de septiembre por los Diputados; en su turno los Senadores, en un tiempo récord de 32 minutos aprueban en Comisiones el Dictamen y al momento de escribir esta Nornilandia ya se había aprobado por votación económica la estrechez de términos y saltando la primera y segunda lectura entraron al debate que seguro llevará a aprobarla ese mismo día.
Dicha aprobación en la Cámara de Diputados se da después de la entrega-recepción del informe por parte de Miguel Ángel Osorio Chong –uno de los hombres fuertes y operadores de Peña- quien dio un discurso anquilosado, breve, acompañado de una cajita blanca que se dice contiene el informe del estado que guarda la Administración Pública Federal. Un día después, al estilo canal de las estrellas, Peña Nieto lee un mensaje a la Nación de poco más de una hora, arropado de aplaudidores, entre los que estaban su gabinete en pleno y el ampliado, políticos de diversos partidos, artistas y su numerosa familia. Se contabilizaron 7 interrupciones con  aplausos como en los viejos tiempos.
Frente a toda esta parafernalia tenemos a los espectadores, esos que padecen o no con la situación actual, donde no hay salario mínimo decoroso y lejos se está de satisfacer la canasta básica; donde la gasolina sube mes tras mes; donde la brecha digital hace presa a un sector que algunos perciben como inexistente; donde los índices de corrupción crecen como la espuma. Esos espectadores pudieran agruparse de “n” maneras; no obstante, para efectos del asunto que atañe a esta Nornilandia, presento una clasificación a continuación:
Los críticos consideran que en tiempos de crisis política, es preciso revisar la utilidad y funcionamiento de las instituciones que conforman nuestro sistema político.
Los consecuentes saben que en esta sociedad es preciso mantenernos informados para formar una opinión responsable. Alertan de la necesidad de utilizar las TIC de forma consecuente y llevar sus opiniones a las acciones.
Los aplaudidores, son esos que se entregan en cuerpo y mente a “su candidato” hasta hacerlo ganar y entonces lo transforman en “su gobernante inmaculado”. Consideran su triunfo algo tan suyo que incluso los llevan a reciclarse y reproducirse. Todo ello sin recibir absolutamente nada a cambio, o tal vez sean afortunados y alcancen unas cuantas migajas.
Los simuladores: se quejan, exigen; pero poco hacen para cambiar. Es más, muestran confianza y seguridad cuando están sentados en su cómodo sillón de status quo. Y hay de aquellos que pretendan moverlos, no se inmutan.
Sin duda, los septiembres que vienen no sabemos como serán; ni si a estos personajes se sumarán otros tantos; pero si es posible adelantar que los ciudadanos estaremos cada vez más atentos e interconectados para que las autoridades sepan que estamos ahí y no dudaremos en hacernos notar.
Llámenme idealista, pero yo sigo trabajando para rescatar este #MéxicoLindoyHerido y dejar un mejor mundo al que encontré. Ustedes mis lectores ¿se suman a ello?

Por hoy es todo.
¡Hasta la próxima Nornilandia!