17 jun. 2014

“Gooool por #México”

@BarbaraCabrera

“No hay democracia sin determinación”
Julio Anguita

¡Estamos viviendo la pasión e intensidad del fútbol!, así como también una serie de cambios legislativos y movimientos sociales; situación que no es exclusiva de #MéxicoLindoyHerido, sino es compartida con otras latitudes. Cada cual la vive de distinta manera.
Mientras Brasil, país sede del mundial 2014, intenta controlar las inconformidades sociales, a veces disparando balas de goma para dispersar a sus manifestantes, y dar con ello la cara amable al mundo que ha puesto los ojos en aquél país; en el caso mexicano, recientemente, el Instituto Nacional Electoral y el Colegio de México, han dado a conocer datos que aunque no sorprenden, sí es relevante analizar. En los últimos tres años, los ciudadanos creen menos en las instituciones. ¡El sospechosismo pulula en el ambiente y no es producto de generación espontánea!
Por ejemplo, haciendo un comparativo con 2010, tenemos el siguiente descenso en la confianza alguna vez depositada en:
Medios de comunicación 61% vs 32%
Gobierno federal 59% vs 36%
Corporaciones policíacas 36% vs 22%
El 66% sostiene que las leyes se respetan poco o nada.
Por otra parte se advierte que 12 de cada 100 fueron víctimas de la corrupción al realizar algún trámite o solicitar un servicio público, así lo revelan datos de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, auspiciada por el INEGI. Aunado a que el 89.7% considera muy frecuente la corrupción en la policía; el 84.4% en partidos políticos y 78.4% en los Ministerios Públicos.
Aunque a prima facie es una cifra que pudiera resultar alentadora, sobre todo en un país que dentro del ranking internacional ha coronado en materia de corrupción, donde este mal endémico parece y es el pan nuestro de cada día; no se pierda de vista que únicamente se trata de la atención en ventanillas; faltaría sumar un sinnúmero de ejemplos que se extienden en todos los niveles de gobierno, incluidos entre la ciudadanía.
Sin duda, el común denominador de estos resultados, es la pérdida estrepitosa de la confianza en las instituciones ¿en qué deriva todo ello? ¿De qué manera es posible recuperar lo perdido?
En algunos foros lo he manifestado, estamos frente a instituciones caducas heredadas por el México bronco, el posrevolucionario. Hoy los tiempos requieren que las nuevas generaciones cuenten con nuevas reglas del juego, antes de que la tarjeta roja sea sacada.
La participación ciudadana proactiva, constructiva, observante e involucrada en los asuntos públicos que a todos atañen, es primordial.
Un juego democrático no lo es tal, si el balón solo está y se mantiene en la mitad de la cancha. Un juego democrático no lo es tal, si los árbitros son a modo. Un juego democrático no lo es tal, si los que deben estar en la cancha se mantienen como simples espectadores. Un juego democrático no lo es tal, si no hay un “te la paso, es tuya, es mía, me la regresas, la finteamos y la pateamos para ganar”. Un juego democrático no es tal, sino se provoca una nueva cultura político-ciudadana.
Y aunque he disfrutado algunos partidos del mundial, a la par que intento seguir la pista de las discusiones de las letras chiquitas de las reformas estructurales (energética, telecomunicaciones, electoral) la goliza que me gustaría ver en pro de México es en educación pública y de calidad; medioambiente adecuado; justicia y equidad; cultura, igualdad de oportunidades, empleo digno, derechos fundamentales consolidados y no solo una mera declaración de amor constitucional.

Es todo por hoy.

¡Hasta la próxima Nornilandia!