23 jun. 2014

Porra por #México: Eeeeeeehhhhhhhh pu…

@BarbaraCabrera

“Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que ellos practican, la otra mitad practica lo que ellos censuran”
Benjamin Franklin

¡Increíble como una palabra de 4 letras puede dividir al mundo, y las opiniones de un país!
Hay expresiones que se vuelven cotidianas, y una de ellas es la conjugación y utilización del verbo chingar: mandar a la chingada, los chingaqueditos y cuanta chingaderita podamos ingeniar para expresar algo (hasta Octavio Paz dedicó unas cuartillas en su Laberinto de la soledad para explicar este verbo propio de la mexicanidad; además, existe un diccionario “El Chingonario” que reúne sus diversas modalidades) dicho vocablo parece no causar tanto estrago como algunas otras; por ejemplo, la palabra puto.
El lenguaje soez, las groserías, improperios, vulgaridades, lenguaje altisonante, leperadas, palabras malsonantes u obscenas; varían de país a país, incluso en cada región de una misma nación.
En Argentina, puto se refiere a un gay y sí es un término peyorativo; al igual que en Chile, pero está dirigido a los prostitutos y no a los homosexuales; mientras que en Puerto Rico, un puto es un hombre que se va con mujeres, pero no formaliza con ninguna; en Perú, un puto puede ser un gigoló, así como uno que tiene una vida sexual muy activa con varias mujeres, no se entiende en aquellas latitudes como homosexual; finalmente en Filipinas, se denomina puto a una comida típica consistente en un pastel de arroz cocido al vapor.
Si consultamos que dice la RAE sobre puto, tenemos que cuenta con varias acepciones, una de las cuales es, efectivamente, la dirigida a los homosexuales, sin aludir -y ojo con ello- que se trate de una expresión  peyorativa, sino que la costumbre le ha dado ese contexto, al igual que otras palabras como nigga para dirigirse a la gente de raza negra o “chilangos” para los nativos del Distrito Federal, utilizada algunas veces de manera despectiva o “jalisquillos” (para los de jaliscienses) o “pipopes” (para los poblanos); y así podríamos enumerar sinfín de ejemplos.
Volviendo al tema central de esta Nornilandia, sabemos que durante la justa mundialista, la apasionada afición mexicana soltó de su ronco pecho dicha expresión en dos distintos partidos, situación que causo una gran polémica; y, como lo dije al inicio de este texto, una evidente división de opiniones.
El debate se ha centrado en dilucidar si “puto” es un término homofóbico o no. Se ha llamado desde distintas palestras a erradicarla del léxico; se pide ser creativos e inventar otra expresión como porra en los estadios. Punto y aparte es la posible sanción al país, derivado de la investigación disciplinaria que abrió la FARE, -oficina antidiscriminación de la FIFA- por conductas inapropiadas de los espectadores mexicanos durante los partidos México-Brasil y Camerún-México.
Es políticamente correcto hacer un llamado para eliminar cualquier tipo de acción, expresión u omisión que esté relacionada con la discriminación de cualquier índole, y desde Nornilandia convoco a ello.
Lo que hay que ser, por lo menos los que ahora se erigen en férreos defensores de lo correcto, es ser congruentes; es imperativo revisar  minuciosamente y de manera integral las políticas públicas relacionadas, así como los contenidos de radio y televisión, ya que los ejemplos de discriminación, están presentes en diversos programas sobre todo de televisión abierta y radio comercial ¿y la Secretaría de Gobernación? hace mutis.
Por lo que respecta a la expresión “Eeeeeeehhhhhhhh Puuuuuutooooo!!!”, ha estado presente en los estadios desde el año 2003, sin que exista registro de que la Liga Mx hubiese hecho algo. Hoy, ante el escándalo internacional, no queda más que actuar.
¿En verdad necesitamos los jalones de orejas internacionales para modificar comportamientos?
Este es un asunto para reflexionar.
Es todo por hoy.

¡Nos leemos la próxima Nornilandia!