1 jun. 2016

Del AL DIABLO CON LAS INSTITUCIONES al FRIJOL CON GORGOJO

“Lo que acostumbramos a llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado”
Alexis de Tocqueville

México, hoy #MéxicoLindoyHerido es el país donde la corrupción es todo terreno; es un fenómeno 4x4 que sobrevive a todo y a todos; a pesar de iniciativas 3 de 3, Sistema Nacional Anticorrupción, Leyes de Transparencia y Acceso a la Información; instauración de nuevas figuras jurídicas de participación social y ciudadana, y cuanta política pública se antoje atractiva para el momento.
Y es así por dos factores fundamentales, uno tan culposo como otro: 1) la rapiñesca clase política que, enquistada en el poder, hace de las suyas; y, 2) los pasivo-complacientes ciudadanos que dejan hacer, dejan pasar.
Y entre ese binomio nocivo encontramos a quienes desde su representación defienden las causas ciudadanas, así como aquellos ciudadanos proactivos-propositivos que levantan la voz en sus respectivas palestras, los que son factor de influencia, por pequeño que parezca su escenario. No obstante, sigue sin ser suficiente.

En este contexto, recordé como hace algunos años Andrés Manuel López Obrador, quien aspira a la Presidencia de la República hace ya varios sexenios, lanzó una temeraria, controvertida y de suya provocadora expresión: ¡Al diablo con las instituciones!, 5 palabras que conforman una breve frase difícil de digerir a pesar de los años transcurridos. La mayoría tradicionalista por convicción y por cómoda conveniencia, prefieren no racionalizar y descalificarla.
Veamos.
Tenemos un Texto Constitucional que data de 1917; es decir, muchos ya se frotan las manos para celebrar su primer siglo, con eventos magnánimos y publicaciones especiales; para hacer saber que tenemos una Constitución que es la envidia y referente a nivel mundial, [no la tiene ni Obama –diría AMLO- y en 2018 o antes, terminamos de vender el país –expresaría EPN-].
Como dato cultural: de 1917 a la fecha, los 136 artículos que conforman la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos han sido reformados en 684 ocasiones. Curiosamente con Enrique Peña Nieto es con quien más se ha trastocado la Constitución, sumando 145 artículos modificados, y contando.
Ahora –dicen- con las reformas estructurales Constitucionales del señor Peña, estamos en Jauja y vamos directito al “progreso”, cuando la realidad es que estamos ante un ordenamiento que es modificado tal cual lo marcan los cánones de la agenda sexenal en turno ¿Y los ciudadanos? ¡Bien gracias, con cada vez más cargas impositivas y en el ojo de Luis Videgaray, que cual Big Brother nos tiene en la mira, para recaudar más!
Luego, tenemos Instituciones altamente burocratizadas, algunas de las cuáles duplican funciones, sus titulares son incompetentes o bien han sido rebasadas por la realidad socio-política.
¿Saben ustedes cuántas instituciones existen en México?, lo digo porque sabemos que a quienes las conforman, les pagamos con nuestros impuestos, dicho sea de paso les pagamos demasiado y a mí me quedan debiendo.  Puedo asegurarles que no las encontrarán en los primeros googleos y tengo la certeza que ni así.
Como un acercamiento, el INEGI [Instituto Nacional de Estadística y Geografía] elaboró el siguiente documento llamado “Catálogo de Dependencias e Instituciones de Interés Público” [consultable aquí http://bit.ly/1XFi2Gj] el cual según lo plasman en su introducción “no pretende ser exhaustivo, pero sí razonablemente amplio”
Al respecto, valga reflexionar en torno a las siguientes interrogantes: ¿Las actuales Instituciones, son útiles? ¿Su presupuesto es fácilmente consultable, lo valen? ¿Rinden cuentas? ¿A quién? ¿Representan y son eficientes para la realidad socio-política que enfrentamos? ¿Responden a los desafíos del siglo XXI? ¿Cambiaría la forma de gobierno que tenemos, tal como nos faculta el artículo 39 Constitucional?
Actualmente, el polémico líder de MORENA, continua presente en la palestra pública alternativa y en uno de sus spots de viva y característica voz dice: “Migajas, despensas, frijol con gorgojo”, circunscribiendo de esta manera los componentes de una realidad que padecemos todos, todo es cuestión de cantidades. Y a pesar de que cause animadversión para algunos este tipo de expresiones: ¡Al diablo con las instituciones! y el afamado frijol con gorgojo; es necesario analizarlas y situarlas objetivamente en el escenario y tiempos que vivimos.
Por lo pronto, díganme idealista, llámenme utópica, considérenme soñadora; no obstante, más allá de personajes y partidos, aún creo y pugno por un poder ciudadano que rescate lo que nos queda de país.
Es todo por hoy.
¡Nos leemos la próxima Nornilandia!