4 ago. 2015

Del creador del “YA SÉ QUE NO APLAUDEN” llega el “NI LOS VEO, NI LOS INVITO”

@BarbaraCabrera

“Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios”
Abraham Lincoln
A menor credibilidad de las instituciones, más gasto público -esté o no presupuestado-. Hablemos de algunos ejemplos:
Presidencia de la República: a) el rubro de “apoyo a las actividades de seguridad y logística para garantizar la integridad del ejecutivo federal” pasó de 909 millones a mil 868 millones de pesos; es decir, ¡se duplicó!; y, b) el rubro destinado a “asesoría, coordinación, difusión y apoyo técnico de las actividades del presidente”, se incremento –respecto a lo inicialmente contemplado- en un 27.7%.
Secretaría de Gobernación: gastó 77 mil 285 millones, cuando solo tenía autorizado 75 mil 3.3 millones.
Secretaría de Hacienda: Inicialmente, le fue destinada un partida de 41 mil 882.3 millones, y elevó su gasto a 50 mil 280.5 millones.
El anterior silogismo, donde los protagonistas son Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray Caso, respectivamente; tiene algunas excepciones, entre la que destaca la Secretaría de Desarrollo Social, a cargo de la caradura y camaleónica Rosario Robles Berlanga; ya que dicha dependencia contaba con una asignación presupuestal de 111 mil 211.2 millones, y ejerció únicamente 106 mil 134.8 millones; lo que representa un cercano 5% sin ejecutar [mientras la pobreza en alarmante aumento, léase “Fábrica de pobres” http://bit.ly/1KwmkL6]. En este sentido, es ineludible plantear otra conjetura: la escasa credibilidad de las instituciones, está relacionada con el ejercicio constante de la corrupción e impunidad.
Entretanto, se ha dado a conocer lo que ya sabíamos: Enrique Peña Nieto está situado en los niveles más bajos de popularidad –yo diría aceptación- de lo que va de su sexenio, véanse los números en el siguiente gráfico:
Ante tal panorama, el inquilino de Los Pinos, que cuenta con un gran aparato de protección para transitar su mundo de irrealidades, acudió en días pasados a inaugurar el nuevo estadio de los Rayados de Monterrey; y contrario a lo que marcan los cánones de un evento de esta magnitud, dicho acontecimiento se llevó a cabo a puertas cerradas y sin afición; donde el político en decadencia y forever alone pateó el balón en la media cancha, develó la placa y emitió un discurso donde la palabra clave fue confianza [Definida en la primera acepción de la Real Academia Española como “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”] “Confianza para la construcción del nuevo México que busca su administración” ¿en serio? Sería bueno nos explicará a detalle ¿cuál es el nuevo México que busca el peñanietismo? ¿Lograrlo incluye matar personas, desaparecerlas y pisotear sus derechos? ¿Conseguirlo a costa de lo que sea y quien sea? ¿Ese es el nuevo México? Entonces, el nuevo lema gubernamental debiera ser “ni los veo, ni los invito”; o bien, ¿Será que somos TAN pero tan sospechosistas [Léase al respecto “Sospechosistas” http://bit.ly/1dLJwA9] que no podemos aceptar que vamos pa´lante? Si es así -y solo así- tendremos que aplaudir al señor Peña que ha llegado a la brillante conclusión de que “hay países peores que México”; así lo dijo al inaugurar el distribuidor vial en San Mateo Atenco, municipio ubicado en el Estado de México [la meca peñanietista y del grupo “atracomulco”, digo Atlacomulco].
Lo cierto es, que actitudes de ostracismo como las que últimamente ha tenido EPN, derivaron en la organización en Twitter del #AbucheoVirtualAEPN, para mostrar el descontento que se incrementa conforme avanza el sexenio –tal como se constata en el gráfico mostrado en esta Nornilandia-. Además de las manifestaciones afuera de la inauguración del estadio con consignas como ¡No a la reforma educativa! y ¡Monterrey no es Estado, Peña reprobado!
No señor EPN, sus líneas discursivas; esas que hablan de grandes obras, donde ensalza las reformas estructurales que según su dicho son los superhéroes de la jauja macroeconómica [y que están mutilando a la sociedad], sus llamados a confiar, su empecinamiento de “Mover a México” [la mayoría sabemos quienes son “sus” benefactores de ese movimiento] de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia lo llevarán a pasar a la historia como el gran reformador que usted anhela; sino como aquél que retoma los peores vicios y prácticas del viejo dinosaurio que sigue ahí y sin miramientos destruye, acapara; se engolosina de poder, provocando su estrepitosa caída y el descrédito de las instituciones.
¡Despierta México!
Es todo por hoy.
¡Nos leemos la próxima Nornilandia!