16 mar. 2016

REIVINDICACIÓN CIUDADANA

“Tiempo de llenarnos de acciones para que políticos dejen de lucrar con el pueblo”
@BarbaraCabrera

El mundo ha cambiado y sigue así vertiginosamente. Las desigualdades son latentes; la corrupción crece y la tecnología nos acerca. Es una época de engaño universal, pero también de solidaridad a diversas causas. Internet y sus múltiples servicios, así como la potencia de las Redes Sociales ha conformado un nuevo escenario. No obstante, tenemos el otro lado de la moneda: la brecha digital que separa. Los países y por ende sus habitantes –unos menos que otros- viven de dilemas, enfrentamos desafíos para los que una mayoría no están preparados: sea por la comodidad que brinda el status quo, por ignorancia o por esperar a que las cosas cambien cual si fuera magia. ¡Nada más alejado de la realidad!
En este sentido, es preciso pensar y accionar más allá de la anquilosada clase política, la que se esconde de nosotros los ciudadanos tras discursos y guaruras. ¡Gobernante que tenga que resguardarse de su pueblo, no sirve de nada! [No se olviden las razones de porque el gobierno tiene miedo http://bit.ly/1g6Um3k]
Es tiempo de ser ciudadanos, con la debida reivindicación de su significado.
“La institución ciudadana ha tardado más de dos mil quinientos años en fraguarse. Los griegos la inventaron para otorgársela a unos cuantos jefes de familia; los romanos le dotaron de una naturaleza diferenciada en función del estatus social de las personas; durante la Edad Media europea, las habilidades para el uso de la cruz o de la espada constituían el camino más directo para ganarse algunas libertades, y en el Renacimiento se volvió un bien asequible también para los comerciantes y mercaderes económicamente influyentes. Ahora bien, en todos estos momentos de la historia, la ventaja de ser ciudadano dependió esencialmente de la graciosa voluntad del gobernante.
No fue sino hasta el siglo XVIII cuando la ciudadanía comenzó a concebirse como una institución cuya fuente de legitimidad estaba en los atributos naturales del individuo. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, donde por primera vez se invirtió el origen de la soberanía, esta ya no provenía de Dios ni del gobernante, sino de los individuos” [Fuente: RAPHAEL Ricardo, “Para entender la institución ciudadana”, Nostra Ediciones, México 2007]
¿Qué pasa en la actualidad? Es cierto, la ciudadanía hipotéticamente la ejercemos a plenitud, en México ahí tenemos el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos que cito textual:
“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”
¿Creen ustedes que esa mera declaración de amor Constitucional sea suficiente? ¡No lo creo! Cada día y tras las tropelías gubernamentales e institucionales es necesario luchar por ello. ¿Qué hacer? ¿Cómo podemos lograrlo? Aquí les dejo algunas ideas:
Con acciones como: votar responsablemente, exigir buenas cuentas a gobernantes y representantes, participar en los asuntos públicos, utilizar todo aquel mecanismo al alcance para ser observante del espectro socio-político. Ser proactivos, proposititos; alzar la voz; hacer lo que corresponde. Dejar de ser simuladores y no conformarse con recibir menos. En suma ejercer ciudadanía y contribuir desde nuestras trincheras, a la reinvención de una mejor ciudadanía. Acciones que no necesitan ser heroicas, sino auténticas.
Por la flexibilidad de cerviz de unos; tenemos el gobierno corrupto e impune, todos. Recuérdese y dígasele a quienes se venden al mejor postor político que: la dignidad no tiene clase social.
Es todo por hoy.
¡Hasta la próxima Nornilandia!