7 ago 2013

“#TWITTER SOPLÓN”

@BarbaraCabrera

“Twitter se ha convertido en el sistema nervioso de nuestras sociedades, y hay que aprender a utilizarlo”
José Luis Orihuela

En 2006 Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams concretaron una idea tecnológica que ha revolucionado la plaza pública virtual que trasciende la cotidianeidad.
140 caracteres o menos han sido suficientes para cambiar o por lo menos intentar modificar las acciones u omisiones de diversidad de situaciones, eventos, decisiones, opiniones, contenido noticioso; entre muchos otros aspectos.
Muchos creen que todo lo saben de la famosa red del microblogging, enmarcada por un pajarito azul que hace tiempo supimos se llama Larry. No obstante, en esta era caracterizada por una revolución digital, Twitter no deja de sorprendernos, ni para de generarnos nuevos aprendizajes. Como dirían los clásicos esto apenas es una pequeñísima parte de su potencial.
En este sentido, hoy día la expresión “me lo dijo un pajarito” tiene una connotación digna de un análisis exhaustivo.
Por ejemplo, recientemente se ha dado a conocer el informe de Transparency Report que ha revelado que son 25 los países que le han solicitado información, de los cuales Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Brasil, Italia, Francia y España son los que conforman el grupo que más requerimientos han llevado a cabo. No olvidar el escándalo internacional de espionaje -a través de esta y otras herramientas tecnológicas- que sigue, cuyas consecuencias locales, nacionales e internacionales están aún por definirse.
Esto se suma a una información que les compartí hace algún tiempo: la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos compró a la empresa que administra Twitter todo su archivo; es decir, nuestros tweets (con excepción de los mensajes directos) son de consulta pública. Es de mencionar que este archivo se actualiza constantemente, tanto como la #Twittósfera se va moviendo.
De esta manera, es preciso tener en mente que al lanzar un tweet al aire, con los replies, retweets y todo lo que rodea la naturaleza de esta plataforma comunicativa seremos monitoreados, seguidos, mencionados o unfolloweados.
Ese exabrupto corto de información inconsecuente que evoca los gorgoreos de pájaros, reflejados en los más de 58 millones de tweets que a diario son lanzados, a veces llevan un objetivo bien definido, algunas veces mediático, como convertirse en un soplón de hechos que se desea tengan determinadas consecuencias en la plaza pública que a diario transitamos.
Tecnología, redes sociales, información, datos sensibles, políticas públicas, legislación y lo que se sume, son los puntos donde necesariamente habremos de llevar el debate derivado del uso, abuso y disfrute de este tipo de herramientas.

Por hoy es todo.


¡Hasta la próxima Nornilandia!