21 sept. 2016

ACARREADOS AL GRITO DE PEÑA…

“Sépase que la dignidad, no tiene clase social”
@BarbaraCabrera

Enrique Peña Nieto y sus secuaces lo volvieron a hacer, solo que esta ocasión parece que con un poquito más de astucia, pero muchas más mentadas: dieron la impresión de llenar el Zócalo capitalino para dar el Grito de Independencia ante una horda de acarreados que siguen sin entender –sea por convicción o imposición– que la dignidad no tiene clase social.
De manera recurrente –y la ceremonia anquilosada a que hago referencia, no fue la excepción– EPN dio la espalda a una Nación herida que clama –desde el inicio del sexenio– su renuncia. El grito número cuatro del peñismo abstracto [http://bit.ly/29ozYkc] no fue más que un burdo espectáculo para la televisión: con una actriz en decadencia y una familia extendida, improductiva y gastalona; el que se coronó con menos de un minuto de arenga en la cual ­con el rostro visiblemente molesto lanzó cuatro vivas a México. Le siguieron fuegos artificiales y música.
A tal acontecimiento fueron convidadas personas no solo del Estado de México, tal como lo dicta la fórmula institucionalizada. En esta ocasión se unieron contingentes de Hidalgo, Tlaxcala, Puebla y trasciende que hasta de San Luis Potosí; a quienes se les reconoció por diversos distintivos como calcomanía en el pecho, pulseras plásticas tricolores y hasta brazaletes de papel plastificado. Con su torta bajo el brazo y ataviados con un impermeable gratuito, se dispusieron a aplaudir a Peña Nieto, a quien esperaron al son que recibían a la farándula que amenizó el evento, para amainar a las multitudes.
El señor Peña, inquilino incómodo de Los Pinos, parece creer sus propias mentiras y es así seguramente por sus escasas lecturas y el desconocimiento del país que dice gobernar; se empecina en mostrar un país en jauja, aludiendo a que está Moviendo a México. Infórmesele de nueva cuenta que efectivamente lo mueve, pero en su contra y hacia un abismo extranjero.
No entiende que la realidad no es posible esconderla llenando de aplaudidores y acarreados el Zócalo, ni algún otro espacio. Ni se cambia recibiendo el Premio al Estadista en New York. Ni se modifica intentando callar las voces disidentes, ni lanzando a los granaderos a las calles para evitar las manifestaciones, las cuales por cierto estaban ese mismo día y hora a unas cuadras de donde se llevaba a cabo el Grito. Marcha, que desde el 2012, exige la renuncia de Peña Nieto; protesta entre la que se escuchó al ritmo del Noa Noa de Juan Gabriel un: ¡Gritemos, fuera Peña! ¡Fuera Peña! ¡Fuera Peña! ¡Fuera Peña!… ¡Peña vas a renunciar!
Legalmente faltan dos años para que EPN concluya su sexenio, el que pasará a los anales de la historia como el del retroceso, el de la venta contemporánea del país. Aquél donde la ya de por sí gris y devaluada figura presidencial, se ha diluido a nivel de burla.
En el ocaso del sexenio, el señor Peña, entre repliques de campana y ondeando el lábaro patrio, ha dado cuenta del repudio nacional, con un Zócalo achicado, rodeado de vallas y con retenes de dos filtros de seguridad para los asistentes, esos acarreados al grito de Peña.

No sé ustedes, pero yo sí celebre el grito, pero contra los corruptos. 
Yo amo #México por eso alzo la voz. 
Hasta la próxima #Nornilandia