17 abr. 2013

“¿FUERA EL NARCOLENGUAJE?”

@BarbaraCabrera

“Tendríamos menos disputas en el mundo si se tomaran las palabras por lo que son, signos de nuestras ideas solamente, y no por ellas mismas”
John Locke

La libertad de expresión es un derecho humano o derecho fundamental, reconocido así en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948; aunado a que las Constituciones de los sistemas democráticos también lo estatuyen. De esta libertad, es oportuno decir, derivan algunas otras libertades; de ahí radica su trascendencia. (Léanse los artículos 6, 7 y 9 de la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos).
Ahora bien, si recurrimos a los filósofos clásicos como Voltaire, Rousseau o Montesquieu, coinciden en que la posibilidad de disentir promueve el avance de las artes y las ciencias, a la par de la auténtica participación política.
Pese a lo anterior, aún en tiempos modernos, persiste la idea de algunos creativos gubernamentales en promover la exclusión de palabras como si por ese solo hecho y a manera de varita mágica las problemáticas desaparecieran.
Tal es el caso del multicitado y recurrido narcolenguaje; un debate que no es nuevo, pero que cobra importancia debido a la lamentable situación por la que han transitado diversos países, recordemos el caso de Colombia en tiempos de Pablo Escobar; y que decir del aún #MéxicoLindoyHerido con la lista casi interminable de narcos y carteles con las debidas consecuencias de un Estado fallido y estrategia que no ve un final cercano.
Recientemente, la Secretaria de Gobernación bajo la aseveración “comunicar es gobernar” llamó a hacer el esfuerzo para no reproducir este particular lenguaje; con el argumento de que “el crimen organizado ha terminado por imponer sus términos a los medios al lograr que se vuelvan de uso común palabras como levantón, encajuelados, encobijados, entre otros”
Y esto no es lo único que ha acontecido, en 2011 en Tijuana y Sinaloa se prohibieron la difusión de narcocorridos y la presentación de artistas de dicho género musical; haciendo la invitación para que dichas acciones se extendieran a nivel nacional. El jueves 11 de abril de 2013, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, revirtió el Decreto emitido en mayo de 2011 suscrito por el Gobernador de esa entidad Mario López Valdez, a través del cual se prohibían los narcocorridos en bares, cantinas y centros nocturnos de ese Estado.
Al respecto, diversos activistas, académicos e investigadores manifestaron que su prohibición es un acto de censura encubierto; esto es, a través de estas expresiones se refleja y explica el clima de violencia, no se genera. Prohibirlos sería tanto como dar la vuelta a un asunto que requiere acciones estructurales en contra de la impunidad, corrupción y complicidad, dirigiendo las baterías a incrementar las oportunidades de empleos, mejor educación y no solo buenas intenciones que de la tinta no pasan.
No se olvide que dichos vocablos ya forman parte del Diccionario de americanismos de la Real Academia de la Lengua Española. (Para mayores datos véase la Columna Nornilandia: “Narcolenguaje y la chingada” http://columnanornilandia.blogspot.com/2011/12/narcolenguaje-y-la-chingada.html) Y su sola inclusión se debe al recurrente uso de los mismos, sin que ello implique se incite a su activismo.
Esta reflexión debe ir mucho más allá del purismo en el lenguaje, se debe observar el derecho inalienable y fundamental a la libertad de expresión consagrada en diversos instrumentos internacionales y en la propia Constitución Federal. Hoy se invita a eliminar el narcolenguaje, mañana ya se verá que más palabras desterrar (por lo menos en la letra) para lograr quien sabe que cosa. ¿Y la libertad de expresión? ¡Que más da!


Es todo por hoy.
¡Nos leemos la próxima Nornilandia!