29 ene. 2012

“CHAPULINAZO LEGISLATIVO”

@BarbaraCabrera

“Todo poder es deber”
Víctor Hugo

A punto de iniciar el último periodo de Sesiones en ambas Cámaras del Congreso de la Unión, se observa un fenómeno conocido en México como “los chapulines”. Considerados así, aquellos legisladores que sin concluir el encargo para el cual fueron elegidos piden licencia a su cargo para aspirar a uno nuevo puesto de elección popular. En otras palabras, van cual trapecistas chapulinescos de una Cámara a otra del Congreso de la Unión, a un congreso local, una presidencia municipal o incluso alguna gubernatura.
Advirtamos la numeraria respecto a esta situación:
126 diputados ya se fueron o están por pedir licencia para hacer gala de sus destrezas de chapulines; por su parte, el número de senadores que están en la misma circunstancia suman 36.
En lo que va de esta Legislatura, más de 100 diputados han solicitado licencia para buscar otro cargo público, de los cuales 48 no regresaron. Mientras que en el Senado, el porcentaje de ausencias con licencias de por medio es mayor al alcanzar el 45.3%.
Si nos referimos a las tres principales fuerzas partidistas; tenemos que, una vez sumado el paquete de 25 licencias presentadas por priístas el miércoles 25 de enero de 2012 ante la Comisión Permanente, mismas que se aprobaron en bloque, ya suman 32 los diputados priistas que quieren otro cargo. Respecto al Partido Acción Nacional, son 19 diputados los que buscan otro hueso; mientras tanto, en el PRD son 23 los diputados que anhelan otro cargo de gobierno.
¿Y que pasa en el Senado de la República? Diez senadores panistas, cuatro perredistas y tres priistas buscan candidaturas de cara a las elecciones del primero de julio.
En este sentido, por todos es conocido que una de las principales funciones del Poder Legislativo es precisamente legislar y sin duda, uno de los parámetros bajo los cuales se suele medir la labor de Diputados y Senadores es por la cantidad de iniciativas presentadas y revisadas; y lo traigo a colación porque el fenómeno conocido como el chapulinazo se advierte tiene repercusiones en el rendimiento de los legisladores.
Baste recordar que, en lo que va de la LXI Legislatura, en la Cámara de Diputados el número de iniciativas presentadas suman 2 mil 960, de las cuales el 83% permanecen en la congeladora. De las aprobadas, 169 corresponden a reformas y leyes. En el Senado, durante la LX Legislatura fueron recibidas mil 431 iniciativas, de las cuales 230 fueron aprobadas, 810 rechazadas y 391 están pendientes.
Es evidente, las últimas legislaturas han sido poco productivas al no dotar de leyes y reformas demandadas en un país con una realidad que cambia de manera vertiginosa, la cual dista del orden jurídico con el que contamos.
Contrario sensu, el Legislativo ha sido fábrica de gobernadores. Casi la mitad de los actuales mandatarios estatales ha salido de ahí:
Del Senado de la República salieron 10 gobernadores: Ángel Aguirre Rivero, de Guerrero; Carlos Lozano Guillén, de Aguascalientes; Fernando Ortega Bernés, de Campeche; Gabino Cué Monteagudo, de Oaxaca; Guillermo Padrés Elías, de Sonora; Ivonne Ortega Pacheco, de Yucatán; José Calzada Rovirosa, de Querétaro; Leonel Godoy Rangel, de Michoacán; Mario López Valdez, de Sinaloa; y Rafael Moreno Valle, de Puebla;
Por su parte, cinco emanan de la Cámara de Diputados: Javier Duarte Ochoa, de Veracruz; Jorge Herrera Caldera, de Durango; Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor, de Baja California; Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo; y Rubén Moreira Valdez, de Coahuila;
Ante este contexto es trascendente preguntarnos como ciudadanos ¿estamos de acuerdo con este escenario? de no ser así ¿De qué manera podemos impedir que el chapulinazo sea la constante en época electoral? ¿En general, merecen los legisladores brincar de un cargo a otro sin haber concluido aquel para el cual fueron electos? ¿Será que una de las causas para que los legisladores salten de una Cámara a otra o utilicen al Legislativo como trampolín es la falta de la figura de la relección consecutiva?

Lo dejo a la reflexión.

¡Nos leemos la próxima Nornilandia!