25 ene. 2012

"CAMPAÑAS Y PROMESAS"

@BarbaraCabrera

“Cuando la gente no aprende a manejar las herramientas del juicio y meramente siguen sus esperanzas, están sembradas las semillas de la manipulación política”
Stephen Jay Gould


Estamos en tiempos donde cada político situado en la palestra pública intentará convencer de ser la imagen inmaculada, un sinónimo de congruencia y demostrar que sólo en sus manos está el mejor gobierno que el país merece y requiere. A su lado, lo acompañará su respectivo partido político, coalición o alianza quien hará lo posible por coronarse y llegar al poder.
Es la etapa en que si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse que sus adversarios le hagan culpable de la sequía –afirma Charlotte Morrow-.
Es época donde los políticos suspirantes a un cargo público besarán ancianos, saludarán, sonreirán, cargarán niños. ¡Lanzarán promesas a la menor provocación! Así es mis lectores, me refiero al periodo de las campañas electorales que ya están a la vuelta de la esquina.
¿Qué es una campaña electoral? ¿Cuáles son los elementos que la integran? ¿Cuándo inician por Ley? ¿Para que sirven?
La campaña electoral es el conjunto de actividades llevadas a cabo por los candidatos registrados para la obtención del voto; a su vez esas actividades son conocidas como actos de campaña que están engalanados por propaganda de todos colores y tipos, de tal manera que a la ciudadanía nos sean presentadas las distintas opciones antes de acudir a emitir nuestro sufragio llegado el día de la jornada electoral. Este periodo de campañas nos servirá para conocer tanto a los candidatos como las propuestas que nos plantean. Inclusive para saber de sus capacidades e incapacidades.
Los elementos que componen éstas, son principalmente tres: mensaje, dinero y activismo. No necesariamente implica que este sea el orden en que se presentan; ha quedado demostrado como en algunos casos no interesa el contenido sino los medios con los que cuenta cada candidato para llegar a concretar su meta. Por ejemplo; Enrique Peña Nieto.
Resulta un dato relevante saber la duración de las campañas electorales, de esta manera sabremos cuanto tiempo estaremos siendo bombardeados con  propaganda de la diversidad de propuestas plagadas de promesas y más promesas. Sobre el particular, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, establece la regla genérica de 90 días de subsistencia tratándose de la elección de Presidente de los Estados Unidos mexicanos, Senadores y Diputados. Formalmente, se inician a partir del día siguiente al de la sesión de registro de candidaturas, debiendo concluir tres días antes de celebrarse la jornada electoral.
Y ya que me refiero a las promesas surgen algunas interrogantes más ¿Dónde quedan éstas? ¿Existe alguna regulación o tratamiento por parte de la autoridad electoral? ¿De que manera la ciudadanía las enfrentamos? ¿Hay alguna forma de protegernos para no contagiarnos de “promesitis” aguda?
Una promesa, según la primera acepción de la Real Academia Española es una expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo. En este sentido, durante las campañas que están por iniciar en un par de meses, escucharemos tantos ofrecimientos de la clase política como problemáticas existan, así que la lista será interminable. Definitivamente no existe vacuna, ni campo protector alguno que nos hagan inmunes a saber que haría tal o cual candidato de llegar al poder.
Ante las promesas estamos desprotegidos, no existe manera de exigir para que sean cumplidas; no hay sanción ni autoridad a la que los ciudadanos podamos recurrir para exigir nos cumplan. El hecho de que se publiquen o se firmen ante notario público no es más que un acto con tintes demagógicos.
Es un hecho, en México no existe una adecuada evaluación ni rendición de cuentas en este sentido. Por ello la expresión de que en tiempos electorales esto se convierte en un circo con actores y actrices de todo tipo no está nada alejada de la realidad que estamos por vivir. Esta en cada uno de nosotros votar por aquellos que consideremos la mejor opción para tomar las riendas del país.
Concluyo esta Columna con la contundente afirmación de Alfred Croiset quien señala “el enemigo más temible de la democracia es la demagogia”

Por hoy es todo.

¡Nos leemos la próxima Nornilandia!