8 jul. 2014

“Régimen Telecrático”

Antes de iniciar, debo advertir a mis lectores que esta Nornilandia será contada por fragmentos, que unidos conforman ese régimen llamado “Telecracia”, cuyo papel protagónico fue otorgado a un ignorante, que no lee, que se equivoca de manera constante al leer las líneas discursivas escritas o proyectadas en telepromter, que enmaraña términos, confunde lugares y entidades; cuyo libreto se resume en un par de mantras que repite a la menor provocación: “Mover a México” y “Transformando a México”
Érase una vez un señor que situado frente a su espejito le preguntó por enésima vez: -no te preguntaré quien es el más bonito porque sé que soy yo, te cuestiono ¿quién es el más popular de todos los políticos?- Después de responder, el espejito fue destruido porque la respuesta no gustó. Trascendió que la contestación hacia aquél personaje fue: -tú solo eres santo de la devoción de la Gaviota, de las televisoras y de los aplaudidores de siempre-.
Por lo que, para recuperarse y consolidar los principios de la Telecracia, se decidió e invirtió en lo que los personajes de esta historia saben hacer mejor: posar, actuar; dar a los espectadores lo mejor de sí. Al respecto, recordemos juntos las portadas de revistas más significativas que son parte esencial de esa imagen masificada a través de las televisoras:
Time, diciembre de 2012. En portada, Enrique Peña Nieto, con el encabezado: Viejo partido, nuevo comienzo.
Quien, diciembre de 2012. En portada, Enrique Peña Nieto y su hija Paulina, con el encabezado: El otro amor del Presidente.
Time, 24 de febrero de 2014. En portada, Enrique Peña Nieto, con el encabezado: Saving Mexico (Salvando a México)
Rolling Stone México, 2 de mayo de 2014. En portada, Enrique Peña Nieto, con el encabezado: Peña Nieto “El reformador” ¿tonto?... ni tanto.
Marie Claire, 30 de junio de 2014. En portada, Angélica Rivera y su hija Sofía, con el encabezado: Redefiniendo el poder femenino.
¡Hola! México, 2 de julio de 2014. En portada, Enrique Peña Nieto y su hija Paulina, con el encabezado: La niña de sus ojos.

Un numeroso grupo de aplaudidores permanecen sentados y motivados en un sillón que aunque les incomoda no dejan, han decidido defender a sus protagonistas y se dice que ven todos los programas en que se habla de sus ídolos, además de poseer la colección completa de las revistas aludidas. Aspiran algún día a tomarse la foto y saludar de mano/beso a dichos personajes, en un evento cualquiera a los que seguramente serán convocados.
Todos: espectadores y actores de reparto y protagonistas. Pasivos y activos; contestatarios y comodinos; están ante un evidente régimen telecrático, donde las televisoras mueven a conveniencia al homo videns, tal como lo describe Sartori en su libro del mismo nombre; subsistimos en una sociedad teledirigida.
Tal es el poder de aquellas que se habla de una telebancada, que impulsa desde su curul, leyes que benefician ese sector, para ejemplificar baste haber dado seguimiento a la Reforma Estructural en Telecomunicaciones y su inminente aprobación de las letras chiquitas. Tal es su poder que sus actrices representan papeles de “primeras damas”. Tal es su poder, que desde sus programas y noticieros se crea, se destruye y se transforma la clase política que gobierna este país. Tal es su poder que son impulsores de campañas mediáticas que afirman que todo está bien.

No es gratuito que desde el exterior, México sea visto como un gran productor de telenovelas. Sin duda Televisa se saltó las trancas y apostó todo por una que durará poco más de un sexenio, por aquello de que dio inició desde que el señor Peña “gobernaba” el Estado de México. Sin olvidar al chiquillo Fox que fue producto de la mercadotecnia; y para que sigo dando ejemplos, ustedes los saben y han vivido.
El diario español El País, el 5 de julio de 2014, publicó un artículo llamado “La Gaviota levanta el vuelo” (http://elpais.com/elpais/2014/07/04/gente/1404483643_162135.html) que ayuda a constatar lo aquí expresado:
“Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto podrían haberse conocido en la escena de una telenovela y casi nadie se habría dado cuenta. Cuando tuvieron su primera cita, allá en 2008 bajo las tenues luces del restaurante Philippe, en México DF, ambos vivían la espuma de sus días. Ella era bella y popular estrella de televisión recién divorciada y él, un pujante y mujeriego gobernador que hacía un año había enviudado. Ella tenía hijos, y él también. Habían quedado a las nueve de la noche y, conversando, se les había hecho ya la una de la madrugada. Hubo en esa secuencia eso que llaman química, y aquello derivó en noviazgo, matrimonio, campaña electoral y, como guinda final, en la conversión de Angélica Rivera en primera dama de México. Entraba así en la residencia oficial de Los Pinos la actriz que había hecho llorar a medio mundo con su interpretación de La Gaviota en la irresumible telenovela Destilando amor”
Adéndum a esta Nornilandia: Estamos ante un gobierno faradulero que cuida más su apariencia para las potenciales portadas de revistas que sus hechos, omisiones y acciones gubernamentales en pro de la ciudadanía. Más valdría informar a todos esos aplaudidores que esto no es un reality al estilo Truman Show o una de sus telenovelas favoritas que termina con un “fueron felices para siempre”; esto es la vida real.
No nos recuperamos de una reforma, cuando ya comenzó a discutirse en el Senado las letras chiquitas de la reforma energética; para no variar, sin diálogo ciudadanía-representantes, a puerta cerrada y con vallas incluidas ¿hasta cuándo despertarán del idilio mediático los que faltan? ¡Mañana, puede ser demasiado tarde! Lo dejo a la reflexión.
Hasta aquí esta Nornilandia. ¡Nos leemos la próxima!