29 abr. 2014

#SELFIE

¿El que se mueve no sale en la selfie?

La política se mueve con una vorágine compleja de seguir, es difícil estar al tanto de todo lo que ocurre o se omite en sus múltiples pistas. Mientras Alfonso Cuarón, reconocido cineasta, ciudadano proactivo y crítico cuestiona al señor Peña por aquello de la Reforma Energética; éste presuroso lanzó un par de tweets con una contestación que denota ese tufillo a política rancia, donde “te contesto pero sin decir nada relevante”; por otro lado encontramos la pelea y descalificaciones por las migas del PAN, Madero vs Cordero que preparan y lanzan cada día su arsenal para llegar a la dirigencia del blanquiazul. En otro escenario, vemos como las letras chiquitas de las reformas estructurales mantienen empantanado al Congreso de la Unión, ya que en ambas cámaras se suman por cientos los pendientes, aderezando al rezago legislativo. Sumémosle a ello, la reestructuración y cambio de nombre de instituciones, el nombramiento (con su tradicional y deleznable reparto de cuotas) de altos funcionarios; así como el enroque entre los que ya están en el gobierno y la salida de otros, a veces de manera intempestiva. Sin olvidar el resquebrajamiento y la división de la izquierda, que poco aporta con esas actitudes, unos críticos del sistema y propositivos y otros serviles y entregados para no quedarse fuera del reparto de poder.
Ante tales hechos, y sabedores de que poco podemos detenernos sin perdernos algo de lo que la clase política nos ofrece, en esta ocasión vamos juntos a hacer una que otra selfie de ese mundo tan vitoreado y vitupereado; tan aplaudido y rechiflado.
Únicamente daré la pauta, los convoco a que complementen y enriquezcan el diseño de las selfies de uno y otro bando.
Si los políticos tomarán esa selfie ¿qué verían? Tras de sí estarían calles remozadas, si el autorretrato es en un área verde, seguramente los árboles serían frondosos, al fondo habría un paisaje que demostraría un país en Jauja y contento por tener y contar con tan connotada clase política. Si la foto fuera en época electoral, seguramente veríamos selfies de políticos abrazando personas, besando niños, acariciando perros, y toda aquella que prometa un “quedar bien” para poder ganar.
Y los ciudadanos ¿qué captarían en sus selfies? Aquí, de entrada, existirían por lo menos tres tomas; la primera que retrataría un país en construcción, a partir de la fuerza ciudadana y el acotamiento del poder desmedido. En otra toma, aquellos que sonrientes se toman su selfie descansando en su cómodo sillón de status quo; otros más, fotografiándose en los mejores eventos, junto a su político favorito, erigido en ídolo dado su comportamiento, recibiendo tal vez una despensa, un monedero electrónico o pequeñas canonjías o souvenir que los mantenga motivados hasta llegar la siguiente toma.
No perdamos de vista que, en todas esas selfies seguimos encontrando a unos cuantos colados que aunque se ven, son incómodos y la mayoría desea desterrar, poco se hace para lograrlo y éstos son: la corrupción, la complicidad e impunidad. Mientras continúen apareciendo en ese autorretrato, por más que empujemos para adelante poco avance se logrará.
Ahora ya lo saben.
Hoy constituye una tarea impostergable cambiar el anquilosado paradigma de “el que se mueve no sale en la foto” (en este caso selfie) que premiaba el inmovilismo y servilismo de los partidos, por selfies digitales que capten y premien el movimiento y la acción ciudadana.
En este momento, y ante las bondades que nos brinda la Era Tecnológica, estamos logrando cambiar la máxima de que la información es poder y ésta solo estaba en manos de unos cuantos; lo que inducía al ocultamiento y la inacción en la toma de decisiones ciudadanas que incidan en el quehacer gubernamental.
En esta tesitura, el nuevo axioma lo conforma esta nueva sociedad que de manera paulatina estamos construyendo, a través de procesos participativos puntuales; sean éstos en la plaza pública o la virtual, el chiste es participar para salir en la selfie.
Mi reconocimiento a aquellos que preguntan, que cuestionan, que se movilizan. ¿Y los demás que esperan?

Hasta aquí esta Nornilandia. Nos leemos la próxima.
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