20 nov 2013

“LEGISLAR O NO LEGISLAR ¡HE AHÍ EL DILEMA!”

@BarbaraCabrera

-Papá ¿Cómo nacen las leyes?
(Visiblemente nervioso, el padre lo único que atina a contestar es…)
-No lo sé hijo, pregúntale a tu mamá.

“No trabajan”, “sólo se pelean”, “no se ponen de acuerdo”; “las leyes son ineficientes”, “sería bueno reducir el número de legisladores”; “hay que desaparecerlos”; “ganan mucho”; he aquí el termómetro ciudadano, respecto a los legisladores y su trabajo. El común denominador de estos comentarios es el desconocimiento de las labores propias de este poder público. Lo que da como resultado un fenómeno de desafección de los ciudadanos hacia la política.
Consummatum est. El Presupuesto de Egresos de la Federación para 2014 fue aprobado hace unos días, se han repartido en diversas partidas 4 billones 467,225.8 millones; aunque al final sigue resultando complejo ver reflejado ese dinero público que ellos administran, al cual nosotros contribuimos con nuestros impuestos.
Antes de aquel, innumerables iniciativas han transitado por el Proceso Legislativo; palabras con las que seguramente la mayoría está familiarizado, sin saber exactamente de lo que se trata y la transcendencia de observarlo en cada uno de sus pasos.
Esa es la motivación de esta Nornilandia, toda vez que se avizoran más reformas estructurales como la energética. Lo mejor es conocer para tener una opinión informada y actuar en consecuencia. Tengan por seguro que va más allá de las declaraciones simplistas de algunos legisladores que piden tiempo fuera para comenzar a analizar las propuestas; o de aquellos que han dejado claro que son mayoría y la mayoría gana.
 ¿Qué es el proceso legislativo? es aquel que regula la creación, reforma, adición, derogación o abrogación de leyes o decretos, desde la iniciativa hasta la expresión legalmente válida de la voluntad del Poder Legislativo. Nótese como este proceso incluye la derogación o abrogación de normas jurídicas, situación que no siempre se atiende. Estamos inmersos en una etapa donde se expiden leyes a la menor provocación: de legistitis, de nerviosismo legislativo; es ineludible pasar a una época de desregulación. Se los dejo de tarea a nuestros representantes sentados en una curul.
Recordar que “no todo lo que se legisla es necesario” debiera ser el mantra que una y otra vez repitan, consideren, entienda y digieran los integrantes del Poder Legislativo.
Además de las circunstancias socio-políticas por la que atraviesa este aún #MéxicoLindoyHerido, el aludido proceso legislativo enfrenta una serie de obstáculos que, sin duda, inciden en el demérito de la credibilidad del Poder Legislativo; razón por la cual es importante saber ¿Cuáles son esas dificultades? Aquí solo les diré algunas:
·      Incumplimiento de plazos
·      Interrupción de los plazos para dictaminar porque termina el periodo ordinario de sesiones, retomándose en todo caso para el próximo.
·      Intromisión de factores reales de poder para encauzar la dictaminación hacia un sentido determinado.
·      La sobredictaminación o ausencia de dictamen.
·      Un rezago legislativo, cuyas causas son bastantes como para hacer un llamado a legisladores y asesores a que observen con seriedad cuales son las iniciativas ineludibles y que leyes ya no se necesitan para su abrogación.
¿Cuáles son las consecuencias de todo ello?
Ante la existencia de un retraso o impedimento en la aprobación de iniciativas de ley que se torna imperativo proponer y por ende dictaminar (sea para reformar, derogar, abrogar o expedir); o también ante el exceso de iniciativas presentadas; tenemos como resultado el obstruccionismo legislativo, fenómeno que imposibilita proporcionar a la sociedad herramientas legales para hacer frente a la realidad imperante y las diversas problemáticas que de ahí derivan.
Legislar o no legislar, ¡ese es el dilema!

Es todo por hoy.

¡Nos leemos la próxima Nornilandia!