13 feb. 2012

“EL AMOR EN TIEMPOS ELECTORALES”

@BarbaraCabrera

“Hay quienes sólo utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos”
Voltaire


Los políticos, situados en una virtual candidatura, muestran -o por lo menos así lo intentan- su mejor cara, las propuestas más atractivas; los comportamientos más convincentes. Es época de dar para recibir. Justamente eso me recuerda al 14 de febrero “día del amor y la amistad” el cual se transforma en un bombardeo publicitario para que nos volquemos a adquirir cualquier artículo y de esta manera demostrar nuestros afectos; todo esto ocurre en un solo día; algunos más osados han llegado a vendernos la idea de que febrero es el mes para celebrar esos dos sentimientos, cuando en realidad debiera ser el resto del año.

Ahora bien, los aspirantes a gobernar el país -sea a través de políticas públicas o legislando- intentan hacer lo mismo con nosotros: enamorarnos, conquistarnos, seducirnos a través de sus campañas para llegar a la meta deseada; solo que para fortuna o desfortuna nuestra, ésta vorágine durará más de un día.

Es importante señalar que el amor en tiempos electorales, no solo es demostrado de los políticos a la ciudadanía; es decir, va más allá de besar ancianos, acariciar perros, cargar niños, dar de comer aunque sea comida que a la postre cause intoxicación; prometer un mundo paralelo donde todo sea amor, paz, reconciliación y vivamos por siempre felices ¡para nada!, es una practica entre pares: ahí tenemos a Manlio Fabio Beltrones Rivera que anticipó su regalo del amor y la amistad a Enrique Peña Nieto al declinar cualquier aspiración a obtener la candidatura a la Presidencia; a Marcelo Luis Ebrard Casaubón que sin chistar aceptó los resultados de la encuesta donde Andrés Manuel López Obrador resultó el vencedor, quien ha creado el concepto de la República amorosa; que decir del trío Josefina-Ernesto-Santiago que después de despedazarse entre ellos las vestiduras hoy -en tiempos electorales- quieren que los veamos como uno mismo. Ejemplos como éstos encontraremos seguramente también a nivel local.

Mientras todo esto sucede, nos mantendremos expectantes y cautivos del enamoramiento electoral; ante el cual debemos ser muy cautelosos, ya que sus efectos durarán por 3 ó 6 años, sin posibilidad de dar marcha atrás.

Los simples mortales, seducidos por la mercadotecnia se aglomerarán en florerías, restaurantes, cafeterías, cines, teatros y amplio etcétera, para demostrar de la manera en que lo dictan los cánones comerciales, su aprecio por aquellos que celebran posiblemente solo una vez al año; no importa cuanto tengan que gastar, ni si la vicisitudes cotidianas no dan el tiempo para ello; tampoco es un obstáculo las distancias a recorrer para adquirir un bien material o conseguir una reservación en el restaurante de moda; se hará lo que sea necesario para quedar bien con el ser amado ¿Será que llegado el día los ciudadanos se desborden de la misma manera a las urnas para decidir el futuro del país? ¿Acaso este amor electoral trascenderá más allá y se traducirá –ahora sí- en un beneficio colectivo? ¿Se dejarán cautivar a la menor provocación, despensa o prebenda por el primer candidato que se tope en su camino? ¿Darán su voto a cambio de una promesa cualquiera?


Es todo por hoy.

¡Nos leemos la próxima Nornilandia!